Inframundo; Shawn Kemp y otras tribulaciones. / by Sociedad Cimarrona

Inframundo

Extraido de Prognosis; Descarga poética decolonial.

By Bocafloja

Del 12 “americano”, treinta centímetros.
Condición fundamental en mi interacción con Junito Kemp,
sobrevivientes de las crisis priistas y las dictaduras
legítimas.

Así crecimos, prestándonos los tenis, uno el martes, otro el jueves.
Operación pre-­swagg en la que el esfuerzo colectivo
lograba completar este rompecabezas de una precariedad estilosa.

No era que no tuviéramos zapatos para cubrir la necesidad básica de cubrir los pies al caminar; aquello se trataba de la imposibilidad de costear más de un par de tenis con los que pudiéramos hacernos acreedores de un brillito subjetivo y enfrentar mejor armados este modelo diaspórico colonial y sus arremetidas consumistas.

En algún remoto rincón de nuestra consciencia murmurábamos en secreto la convicción de llegar a la NBA al cumplir los 19 (como agentes libres).

Juanito Kemp siempre fue un mejor basquetbolista que yo, pero la genética no le jugó una carta favorable, ya que nunca logró superar los seis pies de altura, además de que la masa muscular a dieta de tang y ruffles , ruffles y tang no fue la más
 

indicada para un atleta aspirante. El sueño de la profesionalización quedaba corto en kilos, pulgadas y proteínas.

Juanito era un virtuoso en el juego informal. Recuerdo que más de una vez lo vi clavar el balón de forma espectacular ganando el respeto de los cronistas espontáneos que abundaban en los complejos deportivos del inframundo.

Los sábados en las canchas de la Benito Juárez, los jueves en el velódromo, los domingos por la mañana debajo del puente en Iztacalco.

Untábamos brea de uso automotriz en las manos para poder agarrar el balón con una sola, como una analogía a un ejercicio de empoderamiento.

Juanito Kemp sin embargo tuvo un fugaz y errante camino por el circuito universitario.
Nunca aprendió a jugar eficazmente con árbitros,
apagándose rápidamente el brillo que en la calle lo caracterizaba.

Más de uno de aquellos cronistas lumpenizados estarían de acuerdo en que Juanito Kemp fue el único jugador capaz de controlar el estilo de Hormiga, otro mítico personaje del basquetbol callejero el cual tenía varias particularidades en sus movimientos atléticos que rayaban en lo excéntrico; Hormiga tiraba únicamente ganchos de tres puntos, acertando con precisión matemática en la mayoría de los intentos.
 

Cabe señalar que ese recurso técnico se aplica comúnmente dentro del perímetro cercano a la canasta, como medida de evasión a los defensores contrarios que tienen mayor estatura, evitando así un bloqueo.
A “Hormiga” no le interesaba la forma, sólo el fondo. Ganchos desde la zona de tres puntos y sin marcaje personal, sin duda un virtuoso que redefinió el juego en aquel microespacio del inframundo.

“Hormiga” padecía de una condición llamada microcefalia y algún tipo de retraso mental moderado, de ahí que alguna “mente creativa” al calor de la calle lo inmortalizara con ese apodo.

Hasta el día de hoy mantengo el secreto que tenía Juanito Kemp para someter el gancho infalible de “Hormiga”.
Contrario a las especulaciones, la estrategia de
Juanito Kemp no provenía de algún “video americano” de táctica basquetbolística, o de la herencia teórica de algún entrenador; Juanito Kemp practicaba el terror psicológico contra “Hormiga” y se valía de las más ingratas estrategias coloniales.

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Juanito Kemp le hablaba al oído a “Hormiga” diciendo: ¡Tira ya pinche mongol! ¡Tira pinche mongol!
“Hormiga” jamás lanzó un gancho de tres puntos
frente a Juanito Kemp por el poder de aquel mantra. Ganaron los vicios coloniales 7 a 0.

Años después me enteré que “Hormiga” es obrero y eventualmente visita las canchas públicas del mismo complejo deportivo.
Desconozco si el gancho sigue siendo efectivo.

Juanito ya no es Kemp. Nadie sabe quién es Kemp. Nadie sabe quién es Juanito.

Inframundo.